Destrozo en Soba
Luis González-Camino


Hace algunos meses el Sr. Gómez Martínez-Conde, diputado por Cantabria en el Congreso, preguntó al Gobierno de la Nación sobre las obras del Batallón de Seguimiento Aéreo del Picón del Fraile. Le interesaba saber la superficie que ocuparía la instalación, la fecha de terminación de las obras y las compensaciones que tiene pensadas el Ministerio de Defensa para el Ayuntamiento de Soba donde se encuentra el picón. Cuando se publica este boletín, no sabemos aún si el Gobierno habrá contestado ya a la pregunta parlamentaria.

Esa zona de Soba es, sin duda, una de las más bellas de Cantabria, por su relieve, su vegetación y por la huella que la mano del hombre ha ido dejando en el paisaje. Bernavinto, Brena los Senderos, Brenaromán, Brenalengua, Seldelcuende, Bustalveinte (¡que nombres!), tienen la belleza de lo armonioso. De esa armonía entre los procesos naturales y la actividades humanas que puede apreciarse con todos los sentidos y que empieza a escasear. Así lo entendió la Diputación hace años cuando comenzó un expediente para la declaración de Parque Natural de la zona con el nombre de "Collados del Asón".

A finales del mes de Agosto pude volver a pasar unos días en los alrededores del Picón a donde empecé a ir hace casi veinte años. Subiendo de Brenalengua a La Vaga la niebla nos ocultaba los montes más altos. Paramos en el borde de un pequeño acantilado de caliza y escuchamos un ruido familiar pero insospechado allí. Salía de la niebla que tapaba los montes de enfrente y pronto caímos en lo que era. Sin duda una pala excavadora, y de las grandes, revolviéndose y esforzándose en lo alto del Picón. El temor de sufrir un encuentro como éste lo llevábamos mi amigo y yo hacía días porque sabíamos que habían comenzado las obras del Batallón, pero no queríamos hablar de ello. En esto, al ruido de la pala lo ahoga otro mucho más fuerte que nos descubre una pequeña avalancha de piedras y tierra cayendo desde la niebla hasta las mismísimas tapias de los prados de Bustalveinte y vemos horrorizados un enorme vertedero al pié de la ladera y una herida que asciende de él, más de trescientos metros, hasta perderse en la nube.

Al día siguiente, domingo, amaneció más despejado y bajamos a Brenaromán donde unos pastores nos contaron que aquellos aludes provocados habían matado ya algún que otro animal. Desde allí enfilamos hacía Mota Primera por entre las hayas y abedules del Monte Llusias. Al llegar pudimos contemplar a nuestros pies El Hondojón lleno de hayas y el peñascal blanco y verde de Lusa sobre él por la izquierda; por la derecha, abajo, Brenaromán y El Valle desiertos, y al fondo La Porra y Porracolina. Lo malo estaba en frente: El Picón del Fraile ni era ya picón, porque lo habían desmochado y convertido en meseta, ni del fraile despeñado supongo junto con el pico por la ladera-vertedero de Bustalveinte sino del Ministerio. Eso sí para compensar la pérdida habían llenado aquel paraje de casetas de obra, camiones, tendidos eléctricos, y habían decorado las laderas con gaviones, terraplenes, desmontes y rellenos. Hasta se oía la radio de un vigilante aburrido. Con unos buenos prismáticos cualquiera puede ver desde Santander entre Porracolina y El Castro Valnera lo que ha quedado de él.

Ladera Norte del Picón del Fraile

En Diciembre de 1993 Cantabria Nuestra pidió al Ministerio de Defensa información sobre los aspectos medioambientales del proyecto, que evidentemente no afectan para nada a la seguridad. En un primer momento nos contestaron que se había llevado a cabo un "exhaustivo estudio medioambiental", pero cuando pedimos repetidamente conocer ese estudio no obtuvimos contestación lo cual nos hizo sospechar que tal estudio no existía. Por fin tras una exigencia de responsabilidades por no contestar, dirigida al ministro de acuerdo con la ley de Régimen Jurídico de la Administraciones Públicas, el director general de su gabinete además de reiterar la existencia de ese estudio, nos contestó entre otras cosas lo siguiente: "Por lo que respecta al impacto ambiental cabe señalar que se han considerado mínimos o nulos al no haberse recibido reparos a los Proyectos remitidos en su día a las Consejerías competentes de ambas Comunidades Autónomas". ¡Ahí es nada! También se dirigieron escritos a la Diputación Regional y al Ayuntamiento de Soba. Este último no se dignó contestar mientras que el jefe de Servicio de Medio Ambiente de la Diputación nos comunicó que pocos días después de recibido nuestro escrito, el Consejero encargado de Medio Ambiente había dirigido una carta al ministerio de Defensa pidiendo que se hiciera un estudio ambiental. Meses después nos confirmaron que no habían recibido contestación.

La libertad de nuestro país, que se salvaguarda mediante su defensa, es algo por lo que creemos que se deben hacer todos los sacrificios necesarios. Pero sólo los necesarios. Y sabemos que los destrozos ocasionados en Soba no eran precisos. En primer lugar porque existen otros emplazamientos adecuados donde la instalación hubiera hecho menos daño y segundo porque por lo que se ve, no se han tomado la menor molestia en pensar cómo llevar a cabo las obras de la manera más respetuosa posible con el entorno. El Gobierno, apoyándose en la exclusión de los proyectos que afectan a la defensa del procedimiento de Informe de Impacto Ambiental, pero con total desprecio de nuestro patrimonio y la Diputación Regional, la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de Soba anteriores, con su indiferencia o retraso en actuar, han cometido un atropello que quedará impreso en el corazón de todos los amantes de la Naturaleza y que obligará a cambiar la topografía del Mapa Geográfico Nacional.

Desde Cantabria Nuestra preguntamos también qué perjuicios se han causados al entorno del Picón del Fraile, qué medidas se han tomado para que estos fuesen mínimos y cuales para reparar los daños inevitables. Y a la Diputación Regional que exija al Ministerio de Defensa que presente un plan de recuperación paisajística y ecológica de la zona que incluya la depuración de los vertidos, un estudio sobre el color de las edificaciones y aparatos, enterrar las conducciones aéreas de todo tipo, la retirada de los escombros en las zonas más sensibles, el restablecimiento de la cubierta vegetal destruida y cualquier otra medida encaminada a compensar el daño causado en ese trozo tan valioso de nuestra tierra.

Luis González-Camino
Vocal de Patrimonio Natural de Cantabria Nuestra





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